La vigilancia de edificios que albergan bienes culturales se intensifica

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    • La vigilancia de edificios que albergan bienes culturales se intensifica

      La vigilancia de edificios que albergan bienes culturales se intensifica

      17/07/2011 - Paula Vilariño / El Progreso (Lugo)

      Los edificios lucenses que albergan piezas relevantes del patrimonio histórico y cultural de la provincia permanecen actualmente bajo la atenta mirada de las fuerzas de seguridad y los vigilantes privados. El reciente robo del Códice Calixtino de la catedral de Santiago hizo saltar todas las alarmas y puso de manifiesto la necesidad de guardar a buen recaudo los tesoros históricos que -ya sea por antigüedad, significado, o coste material- poseen un valor incalculable.

      En este sentido, desde la subdelegación del Gobierno de Lugo confirmaron que las fuerzas de seguridad intensificaron el control en los alrededores de museos y templos religiosos, con la finalidad de disuadir a los avezados ladrones y evitar incidentes similares al ocurrido en la seo compostelana.

      Además, este control policial se complementa con las medidas preventivas puestas en marcha por el Obispado lucense. En concreto, dos personas -una por la mañana y otra por la tarde- velan a diario por la seguridad en el interior de la catedral, al mismo tiempo que ofrecen información y guían a los visitantes.

      Una vez que las puertas del templo se cierran al público, los asistentes a la adoración nocturna continúan con las labores de vigilancia, un esfuerzo que ya dio sus frutos en varias ocasiones. De hecho, en abril de 2008, los adoradores -unos 400 en toda la diócesis- lograron frustrar dos asaltos en los que finalmente sólo hubo que lamentar daños materiales.

      Los delincuentes no lograron entonces apropiarse de ninguna pieza del rico patrimonio histórico que oculta la catedral, encabezado por la custodia de Sáenz de Buruaga, que fue obispo de Lugo y la donó en 1772. Esta pieza de plata y bronce -que tiene una profusa ornamentación a base de piedras preciosas -se expone en el altar mayor, a una altura considerable pero sin ningún tipo de protección.

      Precisamente, el sagrario fue objeto de uno de los robos más importantes registrados en la seo lucense. El suceso ocurrió en la noche del 8 de diciembre de 1854, cuando desapareció el sol y el cáliz que sustentaba la figura de la Fe. A raíz del robo se encargó uno nuevo, que se hizo en Madrid y fue valorada en 6.000 euros.

      El resto de las piezas de gran valor de la Catedral sí están protegidas, ya que la mayoría de ellas se guardan en una caja fuerte -de la que sólo tiene la llave una persona- y el resto se encuentran en la sala capitular, custodiada por el director del museo catedralicio.

      En la caja fuerte se guardan cálices, copones, relicarios, jarros y palanganas, vinajeras, bandejas e incluso joyas, mientras que en la sala capitular destaca el relicario en forma de brazo en el que se guarda un hueso de San Froilán traído desde Zamora, lugar donde falleció. A su lado se muestra la corona donada por el pueblo de Lugo a la Virgen de los Ojos Grandes para el día de su coronación solemne, en el año 1904.

      Tesoros culturales de esta calado merecen sin duda una protección minuciosa a prueba de los maleantes más ingeniosos.

      BIENES SUSTRAÍDOS
      Se roban para un coleccionista o se venden a piezas

      César Carnero, delegado episcopal de patrimonio histórico del Obispado de Lugo, explica que las piezas sustraídas caen muchas veces en manos de desaprensivos que las desmontan y las venden por partes para sacar un beneficio económico sin levantar demasiadas sospechas. «Si es oro se puede fundir y si tiene pedrería se puede vender por separado», comenta. Otra posibilidad es que se trate de un robo por encargo, «entonces la pieza acaba en manos de algún coleccionista caprichoso».

      Trabajo de catalogación

      Para dificultar el mercado de obras de arte robadas, César Carnero apunta que es importante catalogar los bienes de forma exhaustiva.